EL FINAL DEL AZUL



Cae la lluvia.

De esas lluvias que tras un intenso azul, parecen inventar el gris.

Confetis de arena y sal, besos enlatados con sabor a hierro o a sangre, verano envuelto con papel de regalo en la eterna tarde de un niño. 

De una chistera salen edificios que se alzan sobre escaleras de picas; chaquetas tejidas desde los tirantes; bandoneones descamados como pescados olvidados en la red del alba; cláxones que suenan apresurados por escupir el camino de vuelta; pieles que se despojan con premura de su imperio dorado, para recobrar su compostura bajo la vestimenta. Ávido se vuelve el paso por volver a ser algo que no parezca errante, distraído, o deje huella.

Como flores de almendros despojadas de sus mariposas blancas, las gotas van mojando los suaves nidos construidos día tras día; Perfectas obras de arte soñadas para mecer jolgorios de vida; Estrepitosas aves que una mañana emprenden el vuelo en estampida, olvidando el  ruidoso silencio que dejan tras su partida.  

Es el final del verano, es el final del azul.

Sigo aquí sentada en esta silla mojada, en un barrio cualquiera de pescadores, mientras el mar deja de ser de los hombres para empezar a ser del cielo. En su afán por llevarse consigo los desamores y los viejos tiempos, siempre vuelve a la orilla con el recuerdo.

Pero eso es ahora, que se muestra altivo y caprichoso, porque pronto su impenetrable frío se impregnará del candor de nuevas risas en remojo.



Imagen: Jose Ruiz Blanco


Comentarios

Rul T ha dicho que…
Bonito relato... Fue el mar alguna vez realmente de los hombres?
desdelpulgaryelindice ha dicho que…
Bonita pregunta...No, nunca, es solo nuestro intento de abarcar lo inabarcable para intentar sentir ese abrazo que nunca llegamos a darnos a nosotros mismos.